
Surface RT acaba de llegar a España tras cuatro meses a la venta en Estados Unidos y otros países con un éxito difícil de medir dado el mutismo de Microsoft respecto a las cifras de ventas de su tablet. El llamado a ser dispositivo de referencia del nuevo Windows RT ha cosechado críticas positivas en el apartado del hardware y negativas en cuanto al software. La contraposición entre los dos apartados es el reflejo perfecto de su futuro, sobre el que Microsoft tiene aún mucho que decidir.
Surface RT ha de hacer frente no sólo a rivales externos, como iPad y tablets Android, o a otros competidores con Windows RT, sino también ante Surface Pro, la versión del tablet de Microsoft con Windows 8 completo, cuya idea ya ha conquistado las mentes de muchos consumidores. En esta situación, ¿estará Surface RT a la altura del desafío?, ¿lo estará Microsoft?

Microsoft, a diferencia de Google, no se limitó a tutelar dispositivos fabricados por otros. Desde Redmond asumieron todo el proceso de desarrollo y distribución de sus tablets, incluyendo diseño, fabricación y venta. Aunque ésto no suponía algo extraño para una compañía capaz de vender 72 millones de consolas Xbox 360, sí implicaba un cambio fundamental en la estrategia que durante décadas ha venido siguiendo en el mercado de ordenadores personales y sistemas operativos. El cambio ha llevado a que la actual Microsoft se defina a sí misma como una compañía de dispositivos y servicios, cosa que no ha terminado de sentar bien a muchos de sus socios tradicionales.
Estos socios no pueden dejar de ver que, aunque los objetivos iniciales fuesen contenidos, Surface parece cada vez más una apuesta seria de Microsoft y un cambio de paradigma en la compañía. Ahora bien, ciertos titubeos en torno a Surface RT hacen que uno tenga la sensación de que el tablet con Windows RT no es todo lo que Microsoft podría hacer que fuese. Como si desde Redmond todavía se estuviesen conteniendo. Tenemos el producto de referencia para todo un sector, es el tablet con Windows funcionando en arquitectura ARM que podíamos esperar, pero, a pesar de todo, el que escribe no siente que sea suficiente.

Claro que no todo es perfecto. Posiblemente, Microsoft ha pecado de ingenuidad en algún punto de la configuración de hardware de Surface RT. Empezando por una resolución de pantalla que, aunque totalmente válida, palidece frente a la de otros tablets; y siguiendo por las dudas que a algunos transmite su procesador Tegra 3 frente a la competencia. Son meros ejemplos, y es inevitable que haya más puntos en los que cada uno hubiese preferido otras especificaciones.
Ahora bien, parece indudable que el equilibrio alcanzado por los de Redmond en el diseño externo y la configuración de hardware de su tablet está a la altura de lo esperado, sino por encima. La inmensa mayoría de análisis publicados así lo atestiguan. Así que, si en Surface RT tenemos un excelente equipo con Windows funcionando en su interior, ¿por qué las dudas? La respuesta es, precisamente, el Windows que funciona en su interior.
He aquí que Windows Store cobraba todo su sentido. Algunos dirán que en realidad se trata de impulsar su tienda de aplicaciones a toda costa, que es puro marketing. Microsoft, por su parte, insiste en que se trata de brindar la mejor experiencia al usuario asegurando el buen funcionamiento de las aplicaciones bajo Windows RT. Lo cierto es que los motivos son lo de menos, después de todo el producto es suyo y… ya sabemos como acaba la frase.
Pero existe una consecuencia inherente al control del canal de instalación del software: limitar Windows. Ésto, por supuesto, también tiene su explicación. No cuesta ni un minuto imaginar a muchos usuarios tratando de instalar sus programas clásicos de escritorio en Windows RT y frustrándose al ver que no funcionan. Así que la solución inmediata escogida por Microsoft fue bloquear el escritorio de Windows e impedir que se puedan instalar aplicaciones que no procedan de la Windows Store. De golpe tenemos un Windows que no es un Windows. Surface RT, ese tablet que al verlo podíamos imaginarnos trabajando con él, se convierte así en otro más del montón. Al menos por ahora.

Con Surface Pro a la vuelta de la esquina, muchos empiezan a tener dudas sobre el futuro de la versión con Windows RT. Microsoft no puede permitirse eso con un producto que apenas lleva cuatro meses en el mercado. El impulso debe venir desde la propia compañía, con todas las aplicaciones propias que hagan falta y convenciendo a cuantos desarrolladores sean necesarios.

Y si ellos no quieren enfrentar el problema deberían dejar que sea la comunidad la que lo haga. ‘Jailbreak’ en mano, parte de la scene ya ha mostrado su descontento con las limitaciones impuestas por Microsoft en Windows RT. Por ellos mismos han comenzado a portar aplicaciones a la arquitectura ARM, devolviendo algo del clásico Windows a Surface RT. Muchos considerarán que ésta no es siquiera una solución, incluso habrá quien vea en ello un problema, pero si Microsoft no toma las riendas rápidamente quizás debería cedérselas a quienes sí han mostrado verdadero interés.

En los últimos años, Microsoft ha hecho varias incursiones en la fabricación de hardware propio. Más allá de su aclamada gama de periféricos, Xbox y Zune son dos de los principales ejemplos. Ambos tomaron caminos distintos y nada impide que Surface RT termine por seguir uno de ellos. Zune nunca llegó a explotar y terminó cayendo en el olvido a pesar de ser un buen producto de hardware. Por su parte, Xbox sí ha logrado triunfar, y en su camino hacia el éxito hay una lección que merece la pena recordar.
La primera Xbox era todo un PC convertido en consola de videojuegos. La scene lo sabía y pareció verlo antes que la propia Microsoft. La caja negra pronto se convirtió en el juguete preferido de la comunidad, transformada en un espectacular media center no tardó en convertirse en objeto de deseo de muchos usuarios interesados en explotar al máximo el hardware por el que habían pagado y en el que confiaban. La primera Xbox ganó más valor por lo que la comunidad pudo hacer con ella que por el impulso de la propia Microsoft.

Surface RT podría perfectamente tomar uno de estos caminos: quedar poco a poco en el olvido como Zune o perdudar gracias a la comunidad de usuarios como Xbox. Prefiero no pensar en el primero y no seré yo quien se queje si Surface RT termina por tomar el segundo, pero existe un tercer camino y escogerlo está en manos de Microsoft: impulsar Windows Store y sus aplicaciones. Estaría bien que, por esta vez, desde Redmond confíen realmente en lo que ellos mismos han creado.
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