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De la fiesta a la tragedia en la actualización de Windows 8.1

De la fiesta a la tragedia en la actualización de Windows 8.1
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La noticia ha corrido como la pólvora, haciendo las delicias de toda la competencia de Microsoft: la actualización a la nueva versión 8.1 está teniendo problemas tan serios y abundantes como para dar un paso atrás y quitar el software de la Tienda para los equipos RT.

Por ello hoy quiero analizar todas las cosas negativas que me he ido encontrando durante la instalación de esta actualización del sistema operativo que, finalmente, han convertido el día de fiesta de Microsoft, en otro abochornante día desastroso (y van... demasiados).

Quejas, quejas y más quejas

Bebe llorando

La primera sorpresa agradable se ha convertido en muy desagradable e incómoda; y esta es la distribución por la propia Tienda de Windows.

Si bien, para la mayoría de usuarios que solo tienen un equipo, la facilidad para acceder al nuevo software como si fuera otra aplicación más resultaba muy cómodo, para aquel – como quien escribe estas líneas – que tiene tres o más equipos, es absurdo tener que realizar la misma descarga de +3Gb en cada una de las máquinas; sin poder bajarme una única imagen ISO y reutilizarla.

Otra frustración que se han encontrado los usuarios más adelantados, es que la actualización no se lanzaba a menos que tuviéramos el sistema operativo actualizado al último parche. Cosa poco entendible porque lo lógico es que el propio instalador descargue y actualice el equipo, como hacía en Windows 7 y 8; no que impida la actualización de forma “preventiva”.

Una vez lanzado el asistente de actualización, a esperar se ha dicho. Pero a esperar, esperar. No ha habido procesos completados en menos de dos horas, habiendo casos de superar las cinco, dependiendo de la potencia de cálculo del dispositivo.

Y esto es simplemente absurdo.

No me puedo imaginar qué cálculos y procesos pueden hacer que unas bestias pardas, como son los ordenadores de hoy en día, se tiren dos o tres horas para actualizar a una versión menor. Y más cuando la instalación de todo el sistema operativo desde cero no supera los 45 minutos.

Pero los problemas han continuado una vez terminada la instalación y con los equipos actualizados a Windows 8.1.

En mi caso, el portátil principal no hay forma de activarlo. Es una versión Enterprise con licencia por volumen, y me da un error de DNS. Solo de pensar el dinero que aporta mi empresa para la licencia de partner y que no podamos activar nuestro sistema operativo, ya me parece una falta de respeto a los clientes. Y me obliga a perder nuestro precioso y caro tiempo en solucionar un problema que no debería existir.

Pero, por lo leído, la cosa no se ha quedado allí. Si no que los números de serie de Windows 8, no son válidos para Windows 8.1 (primera vez en la historia de Windows). Así, si tienes que restaurar el Windows de tu equipo, deberás tener los dos números de serie a mano porque, otra sorpresa, la restauración te deja el equipo con la versión 8, no con la última.

Esto sería solo molesto, tratar los series como si fueran de versiones distintas, si no fuera por los reportes a lo ancho y largo del planeta indicando que con Win 8.1 hay multitud de fallos de hardware y app que han dejado de funcionar.

No son la generalidad, es cierto. Pero una actualización NUNCA debería provocar errores de este tipo. Se supone que el núcleo del sistema operativo no se ha tocado y que son solo mejoras.

El desastre de las RT

Plato roto

Si a un buen fuego le echas gasolina, no solamente obtienes una buena llamarada si no que lo más seguro es que te quemes las pestañas.

Pues algo así acaba de hacer Microsoft con su maltratado Windows RT.

En mi caso, simplemente no me ha aparecido nunca la actualización a 8.1. Pero parece que sí que han sido generales los fallos en la instalación de esta versión. Llevando a la inédita e inaudita decisión de detener la distribución hasta que en Microsoft arreglen los problemas.

La cuestión se complica aún más cuando la primera comunicación desde Redmond fue que el bloqueo de las tabletas se corregía “fácilmente” por medio de una recuperación del sistema desde un USB... proceso que casi nadie utiliza o sabe utilizar. Menos mal que rectificaron y bloquearon el acceso a la Tienda.

Es sorprendente este fallo garrafal porque, además el número de modelos de dispositivos RT es mínimo - la Surface, algunas Asus antiguas y no mucho más – si lo comparamos con el inabarcable parque de máquinas Windows 8.

Por si fuera poco, los “afortunados” que consiguieron actualizarse, se están encontrando con software que ha dejado de funcionar o que funciona mal, cuando en la versión 8 o en la propia Preview corrían perfectamente.

En mi caso, al no poder actualizar y continuar con mi versión 8.1 Preview, la novísima aplicación de Facebook no me la puedo descargar ni probar por no cumplir los requisitos de software.

Conclusión

No, así no

Las molestias y funcionamientos fuera de todo sentido común siguen ocurriendo; como que me vuelva a pedir que elija navegador... y me quite por defecto el icono de IE de la barra del escritorio y del menú principal; o que la licencia para desarrollar aplicaciones para Windows 8 la haya redactado un abogado borracho aconsejado por el becario, y que dé como resultado que en algunos casos para hacer app tengas que comprar 100 licencias de desarrollo.

Pero aun así, en los dos equipos en donde he conseguido actualizar (incluyendo este en el que escribo estas líneas) se nota que el sistema va más fluido, es más profundo y me permite hacer más cosas.

Es decir, lo sigo recomendando mucho en su versión “completa”, y aconsejo esperar a la estabilización de la versión RT.

Pero sin olvidar que ha sido un auténtico desastre que puede indicar que las personas que dirigen o toman decisiones en la empresa no están mirando hacia donde deben.

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